Cena con lo amigos. Picoteo, bebida, comida y más bebida. Suena genial. Sí, lo es cuando la cena es en casa ajena. Está muy bien eso de ser abierto y generoso pero a la hora de quedar con los amigos para una comida en casa de...., lo mejor es hacerse el sueco o mentir como bellacos (no useis la excusa de que os están fumigando la casa porque ya se ha visto en demasiadas películas). Porque cuando, con toda la inocencia e ilusión del mundo, ofreces tu casa para tal evento, amigo, ya no hay vuelta atrás. Riéte tú de Atila y los hunos. Si los hunos no son nada, el problema son los otros. 20 para cenar y piensas que lo peor es prepararlo todo. No, qué va. Lo peor viene despues, cuando te acuerdas de que no tienes lavavajillas porque un día se te ocurrió decir: "no, no hace falta que nos regaleis un lavavajillas, sólo somos dos y no ensuciamos mucho". ¿Quién me mandó a mí abrir la boca?.
Pues ahí estás tú, con los 20 en casa, pasándolo en grande. Comiendo y bebiendo sin parar. ¡Menuda fiesta!. ¿Fiesta?, fiesta la que te espera en la cocina. Cuando se te pasa un poco la borrachera, asomas la cabeza y descubres montañas y montañas de platos, vasos y utensilios varios. Y lo peor de todo, hoy te toca fregar a ti. ¿Qué hago, lo dejo para mañana a ver si...?, a ver qué, ¿a ver si los ratoncitos de Cenicienta hacen horas extras para fregarte a ti los platos?. Nada, sabes que lo has de hacer ahora, antes de que la porquería se incruste tanto que no saldría ni haciendo palanca.
Respiras hondo, entras y vuelves a respirar hondo. ¡Menudo panorama!. Buscas los guantes de cocina y cuando te dispones a ponértelos, nada, que no entran, que están más pegados que el pelucón de Camilo Sesto. Si es que tendría que haberle hecho caso a mi madre y haberles puesto polvos de talco dentro. Claro, quién se iba a imaginar que eso funcionaría, si eso lo hacen los gimnastas. Tú les ves que se esparcen polvos blancos (que nadie piense mal, que ahora el control antidoping es muy severo) por las manos para agarrarse mejor a la barra y no relacionas eso con fregar platos. Bueno, que lo de hacer la vertical sí tiene que ver porque dos horas de pie frente al fregadero no te las quita nadie. Cuando consigues ponerte los guantes, empieza el festival de la espuma. Y mientras estás todo concentrado enjabonando, sientes un picor en la nariz. Buf, es irresistible. Intentas rascarte pero con los guantes llenos de jabón lo único que te queda son tus brazos y algo de habilidad. Despues te pica la oreja, otra vez la nariz. Si es que pareces un chimpancé bailando sevillanas.
Al fin acabas la primera fase. Ahora empieza la segunda, enjuagar. Sobretodo con agua calentita que así queda todo más limpio. Calentita sí, pero no hirviendo, que como te descuides tienen que llevarte de urgencias a la unidad de quemados para despegarte los restos de goma rosa que se te han quedado adheridos a tus dedos. Esto es un no parar. Como no acabe pronto voy a secar el Ebro. Qué de vapor se ha liado aquí. ¡Qué calor!. Los pisos de ahora son tan pequeños que la cocina se convierte en sauna. Así mientras friegas se te abren los poros.
Despues de una hora y media recluido en la cocina miras a tu alrededor y te das cuenta de que ya no queda nada más por fregar. ¡Has acabado! Ole, ole. Te quitas los guantes y cuando te dispones a ir al lavabo para buscar los polvos de talco, viene tu pareja con unas copas en la mano diciendo: "Uy, alguien se ha dejado esto detrás del sofá. Seguro que ha sido Pedro, es tan despistado. Ten, ya que estás friega esto también". Grrrrrr, calma, calma que te va petar la vena de la sién. Ya hablaré yo Pedro, ya.
Ahora sí que ya está. Fin. Ya puedo irme a la camita a descansar. Te pones el pijama, te metes en la cama, te acurrucas y cuando estás a punto de dormirte entra tu pareja con ganas de marcha. " Cariño, hazme el amor tan apasionadamente que no pueda dejar de gritar". En ese momento, como si tuvieras un muelle en el culo, agarras a tu pareja, la pones boca abajo y....empiezas a frotar con energía. Vaya si grita, sí, aunque no de placer precisamente.
Buenas noches